Girasoles para ayudar a las abejas

Como persona que está siempre generando y diseñando ideas y propuestas para mejorar el mundo, es muy curioso que muchas veces me sorprendo de que las ideas más peculiares o novedades pueden ser las más simples. Tengo varios amigos y amigas que se dedican a la apicultura y las conversaciones que suelo mantener con estas personas son poco menos que apocalípticas. La mortandad, enfermedades que sufren las abejas, las condiciones de vida que tienen han empeorado tanto que están poco menos que desesperados.

Además, los entornos en que viven son como espadas de Damocles, que les atacan de muchas maneras: en años electorales no es infrecuente que los políticos para favorecer a sus amistades y conseguir sus votos dan ayudas a quienes tienen terrenos simplemente para que aren los campos, acabando con muchas de las flores que servirían de alimento a las abejas. Muchas veces ese arado ha tenido lugar en el peor momento del año, justo cuando las abejas más lo necesitan.

La agricultura no ecológica es otro de los grandes enemigos, con pesticidas en constante evolución casi siempre a peor, más tóxicos, implacables con las abejas que para esos productos no son otra cosa que otra plaga más que aniquilar. También los transgénicos han acudido al acoso y derribo de las habitantes de las colmenas, con efectos muchas veces ni analizados y que pueden ser imprevisibles.

Dos enemigos “naturales”: las avispas asiáticas y los abejarrucos también producen mermas en las poblaciones de abejas. Aunque aquí habría que matizar que estos últimos a veces son las cabezas de turco elegidas por sindicalistas rurales que no quieren meterse en el lío de tener que hablar de los temas “graves” que he mencionado arriba, mucho más impopulares que atacar a un ave.

En fin, que tras tantas conversaciones que mantengo con apicultores, en una de ellas se me  ocurrió preguntar algo que ha dado lugar a este tema de blog y se convertirá en una propuesta que voy a comenzar a promover. La pregunta era si los campos de girasol destinados a aceite eran interesantes para las abejas. La respuesta, que yo había imaginado es que pueden resultar una ayuda inmejorable porque suponen un alimento durante el tiempo que dura la floración. Me contaron unos amigos que hace años llevaban parte de sus colmenas a campos de girasoles y la campaña mejoraba ostensiblemente debido a ello.

Se trataba de ayudas a veces peculiares porque no había mucho control de las cosechas y en muchos casos los dueños de las explotaciones ni siquiera recogían los cultivos y quedaban esos campos de girasoles negros pudriéndose que muchas veces hemos visto en las carreteras y que son tan singulares.

La propuesta completa sería financiar mediante ayudas europeas tanto a los dueños de los campos como a los apicultores -en menor medida- para que se acojan a este tipo de propuestas. Eso sí, debería tratarse de explotaciones que no usaran pesticida alguno que pueda perjudicar a las abejas y para ello deberían articularse los mecanismos de control necesarios.

Así, con unos costes de ayudas muy reducidos, podríamos mejorar la vida de las abejas y de paso de nuestro medio ambiente, tan castigado por modernizaciones singulares y que en las últimas décadas han perjudicado incluso nuestra salud.

Si tienes experiencia relacionada como biólogo, te dedicas a la apicultura o agricultura, me encantaría conocer tu opinión, te invito a dejar un comentario.

Contacto: juannavidadNYC@gmail.com

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