El machismo, el patriarcado y el resto del puzle

Esta mañana, he comenzado el día y la semana leyendo este interesantísimo artículo de Coral Herrera Gómez acerca del machismo y el patriarcalismo. Lo he compartido en Facebook inmediatamente, porque pienso que es muy necesario que la gente tenga la necesaria perspectiva de las cosas. Al mismo tiempo, me he quedado con ganas de profundizar por mi cuenta y el resultado de esos pensamientos hasta ahora se han convertido en estas líneas, que en realidad es lo que sé, pienso y he aplicado en mis cursos de formación sobre igualdad y educación en valores éticos desde hace mucho tiempo.

La lucha contra el machismo y la sociedad patriarcal es una gran necesidad. Todo lo que hagamos para erradicar ambas lacras será poco. Mi único matiz es que puede no ser suficiente, porque al mismo tiempo, tenemos que ser conscientes de que hay otras tareas necesarias. Poniendo una metáfora alimentaria, si nuestra sociedad tiene sobrepeso, es como si queremos combatir ese problema solo erradicando las grasas. Hay otros elementos que también forman parte y pueden ser causa de ese problema: uno puede ser el exceso de azúcares, o el de hidratos de carbono o el sedentarismo. Si no hay un planteamiento integral, que mejore los hábitos de vida de esa persona, podremos llevar a cada persona al quirófano, quitarle las grasas, pero unos meses o años después, volverá el mismo problema.

Con el machismo creo que estamos en una situación similar. Queremos cambiar una sociedad que está enferma, pero tenemos que tener en cuenta que el machismo es solo un síntoma, debemos atacar el resto de los síntomas al mismo tiempo para que la cura sea definitiva y no vuelvan a reproducirse las molestias, el sufrimiento tan grande que padece nuestra sociedad.

Mi perspectiva huye bastante de las generalizaciones y de ver al “hombre” como el enemigo. Lo hago, evidentemente porque soy varón, pero estoy seguro de que también lo haría si fuera mujer. Quedarnos en la guerra de géneros, sin que toda la sociedad en su conjunto primero reconozca lo que nos está pasando y después actúe, solo servirá para que haya muchas personas teorizando, sermoneando al resto del mundo -creyendo tener la razón universal- sin que los cambios se traduzcan en una derrota del machismo.

Según mi observación y tras muchos viajes viendo desde dentro las sociedades de distintos países, creo que el machismo es una herramienta, el patriarcalismo no es solo una herencia, sino una forma de sometimiento, no solo de las mujeres, sino también de las sociedades en sí. Si creemos que el machismo es la única clave nos equivocamos, porque en realidad es una herramienta, una pieza de un puzle más amplio. Podríamos seguir y mantener los discursos actuales si lo que queremos es eternizar el problema de manera victimista, pero si lo que queremos es ir más allá y encontrar una solución real y efectiva, deberíamos actuar integralmente.

El machismo y el patriarcalismo son una herramienta, pero, ¿de qué o de quién? pienso que de quienes están por encima de nosotros y nosotras, de los poderosos. No importa a qué país vayamos del mundo, más o menos avanzado, con más o menos dinero, hay unos ojos que nos observan y unos poderosos que deciden todo lo que nos rodea. No se trata de volverse conspiranoico, sino de quitarse el velo de ingenuidad que no nos deja ver.

Mientras estamos en casa, mientras cenamos, dormimos, hablamos con las personas que viven con nosotros, mientras pasan nuestros días, hay personas que están decidiendo por nosotros y nosotras todo. Hay todo un entramado, un sistema que funciona perfectamente para que ellos tengan más y nosotros mucho menos y seamos más infelices cada día.

El machismo sirve para someter no solo a las mujeres, sino a todas las personas. Para ello, la sociedad se sirve de otras herramientas complementarias. Si no hay una lucha en todos los frentes por erradicar todas las formas que tienen de someternos, el machismo campará a sus anchas durante muchos siglos más.

Una de las formas de someter es mediante una estructura que no se trata de poner en duda o no, sino de ver cómo juega un papel de apoyo al machismo, me refiero a la familia. Es un entramado que en teoría sirve para que la sociedad se perpetúe, porque a través de la familia se van entrelazando las distintas generaciones que continúan los procesos culturales patriarcales. Las familias crean hijos e hijas que la sociedad trata de manera hipócrita como elementos que les proporcionan protección, se les da un valor especial a los derechos del niño y la niña, pero después, cuando esa persona es adulta, parece que sus derechos se diluyen, se han caducado. Ver un niño o niña con hambre da pena al sistema, pero ver a la misma persona pasando hambre en la edad adulta lo vemos como una consecuencia o castigo por algún error que cometió. Lamentablemente, este sistema hipócrita no ha sido siempre así en todo el mundo, pero es la forma de entender la sociedad que tiene Estados Unidos y que se ha exportado y se ha impuesto en todo el mundo o está en vías de hacerse.

Las familias se sirven de otro elemento muy importante que es que la sociedad debe ser lo más ignorante posible. Para ello, los padres y madres deben ser ignorantes, en la escuela se debe enseñar poco y mal, la ética debe estar fuera de todo lo que rodea a los niños y niñas porque tienen que ser incultos, acríticos, pero también fácilmente manipulables, corrompibles. Con ciudadanos tan faltos de sustancia, con un poco de romanticismo, mucho Hollywood, Disney manda y así las mujeres acaban jugando el papel de princesas de cuento, las parejas jóvenes entienden que para ser familias homologadas tienen que pasar por la oficialidad que da el matrimonio. Es como un requisito sine qua non. Sin él, la ley les pondrá muchísimas trabas para tener los mismos derechos que una pareja casada. Si no es mediante bodas religiosas, los subterfugios serán variados para un mismo objetivo: matrimonios por lo civil en juzgados, ayuntamientos o si se quiere evitar todo ello, un registro de parejas. Siempre hay que jurar o dejar constancia ante alguien, esa es la verdadera responsabilidad adquirida, el único compromiso aceptable para dos personas que se quieren.

Y si se quieren, parece que solo la llegada de hijos o hijas será una muestra de la fortaleza de esa familia recién creada. Y a más bajo es el nivel cultural de la pareja, más pronto será la llegada de los pobres descendientes. Así, la familia se vuelve vulnerable, porque hay “bocas que alimentar”, no se podrán negar a aceptar trabajos indignos con tal de servir las necesidades de la familia. Este es un ejemplo de cómo el machismo sirve para convertir la vida de las mujeres en un infierno, pero sin el contexto global de la idea de familia que se trata de perpetuar, nos faltarían elementos de análisis.

La violencia machista es terrible, implacable, pero no está sola. Es un entramado muy bien montado en un contexto de violencia generalizada que vemos cuando suceden en otros países pero que parece invisible ante nuestros ojos en nuestra propia sociedad. Las familias promueven una violencia competitiva entre sus hijos e hijas. Durante los años 90, cuando yo estudiaba en la ciudad de Vitoria, me dediqué muchos años a impartir clases particulares a escolares. Tuve cientos de alumnos y alumnas, pero paradójicamente, el perfil más habitual era que fueran chicos (varones) de una familia de dos hermanos (casi siempre con una hermanita). La familia les creaba un sistema tan competitivo que siempre la chica respondía con éxito a esos estímulos y esa presión, mientras que el varón claudicaba, se cargaba el sambenito de ser “menos inteligente” y sus resultados así lo indicaban. Finalmente, la chica estudiaba en la universidad y su hermano se formaba en profesiones o acababa teniendo un trabajo sin cualificar.

La violencia que comienza en la familia continúa en el sistema educativo, donde no se potencia el compañerismo, sino el individualismo y la falta de empatía. En ese contexto, los casos de violencia entre compañeros/as en el aula son muy frecuentes y muchos de ellos terminan muy mal. Estoy convencido que un abusador varón que ejerce su poder contra sus compañeros varones en la escuela no tendrá ningún reparo en abusar de su pareja cuando sea mayor. Un sistema educativo que tolera ese sistema violento es una escuela también para aprender cómo ejercer el poder machista. Cuando yo he formado a cientos de docentes en diversas materias (innovación, creatividad, Igualdad…) siempre lo he hecho desde la base de que no se puede erradicar una clase de violencia si no ponen medidas para erradicar todas las violencias.

¿Para qué necesitan los poderosos tanta violencia entre su ciudadanía? la violencia, como el machismo, es una herramienta que sirve para perpetuar un sistema que no se basa en la colaboración, sino la competencia tanto en la Universidad, las empresas, incluso el deporte. En todos los ámbitos van a tratar de obligarnos a ser individualistas, violentos. A los poderosos no les interesa que colaboremos, que nos ayudemos, que creemos redes de apoyo mutuo, que nos formemos los unos a los otros/as. No les interesa todo ello porque nos convertiríamos en ciudadanos/as menos vulnerables, ya no seríamos carne de cañón, gente necesitaba de un trabajo cualquiera que nos explote y nos haga infelices.

La violencia es necesaria y ha sido desde hace unos años, cuando comencé a vivir en Estados Unidos cuando he visto claramente cómo se ha diseñado ese sistema allá que también funciona en muchos países: en la Primera o en la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los soldados eran de raza blanca. Hoy en día, el soldado tipo es un afroamericano o hispano, normalmente son personas jóvenes que tienen pocos estudios, se casan pronto y tienen hijos/as (varios) muy pronto. Esa carga familiar hace que se vean obligados a un trabajo estable y caen fácilmente en las redes de los ejércitos -cosa que sucede también en los distintos países del mundo-. Aquí la víctima de ese sistema de familias no es solo la mujer, sino la familia al completo. Muchas veces los hijos/as reproducen el esquema y entran en la misma espiral de familia desestructurada -y, por tanto, presa fácil-.

Pero no pensemos que la gente se une a los ejércitos así como así, no. Este sistema ni improvisa nada; al contrario, se destina mucho dinero en el diseño de cine y videojuegos que legitima las guerras, las hace incluso “divertidas”, atractivas para que estas personas vean como algo natural integrarse en sus filas.

No quería extenderme, pero lo he hecho. El machismo pienso que se puede erradicar, pero debemos hacerlo dentro de un conjunto de estrategias que cambien primero la formación, ética, compromiso de las personas, que nos replanteemos el papel de las familias, del sistema educativo, que convirtamos nuestra sociedad de individuos en social, creando redes y utilizando otras formas de convivencia y, en fin, sembrando una sociedad que combata laS violenciaS, para convertir así la lucha contra el machismo en un objetivo posible.

Contacto: juannavidad@gmail.com

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