Obstáculos culturales y sociales que tiene el talento

Llevo toda la vida presentando proyectos. Me he encontrado con situaciones tan surrealistas que podría hacer un gran monólogo, como de un par de horas, y estoy seguro de que me sobrarían situaciones grotescas para otra función.

Me gusta observar cómo funcionan las cosas en otros países. Ha habido personas que han conseguido un trabajo por posicionar bien en los buscadores su blog con el nombre del responsable de Recursos Humanos de una empresa de la que era candidato. Incluso ha habido quien ha paseado un avión teledirigido con un cartelón para llamar la atención del directivo de una empresa que lo ha terminado contratando.

España es diferente. Es el país de La Corte. Si quieres ser alguien, tienes que acercarte a visitar el Palacio más cercano e ir ganando la confianza de los bufones, los ujieres, los soldados que te cierran el paso. Y si antaño había una Corte, la Real, ahora cada Comunidad Autónoma, cada empresa, Ayuntamiento, Diputación o incluso ciudad es una corte igual de aburrida que la que visitó Cristóbal Colón en busca de apoyo. Y este no es un país de mecenas, la verdad. Me he encontrado algunas excepciones, como la de la Universidad de Alicante que, sin conocerme de nada, me abrió las puertas y me dio una oportunidad excelente a la que me entregué con pasión en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Nunca dejaré de estar agradecido por aquellos años.

Una manera de describir cuál es el mecanismo cultural o social que explica cómo funcionan las empresas e instituciones en España es lo que me pasa a menudo en mi barrio.  Suelo llegar con mi coche a casa y saludo a alguna persona mayor. Normalmente, saludo a todo el mundo, como costumbre, da igual que sea conocido o que no. La persona en cuestión se queda preocupada, se acerca y, cuando salgo del vehículo me pregunta, porque le come la curiosidad: “¿es usted el hijo de X?”. Entonces le digo que me extraña que conozca a mis padres, porque soy un recién llegado, hace sólo 8 años y añado que le he saludado porque lo hago siempre con todo el mundo. Las empresas funcionan igual. No quieren conocer gente nueva ni ser sorprendidas.

Tú puedes ir con la mejor idea del mundo, con todo el entusiasmo, el currículum de persona incansable que demuestra que hace 30 años que no te echas una buena siesta. No sirve de nada. Todo se solucionaría si, al final del mensaje, cuando presento cada proyecto, le dijese que soy amigo del cuñado de esa persona que lo recibe o que tenemos algún amigo en común. Entonces, como ese señor mayor, habría un referente, te podrían asociar con alguien y te abrirían las puertas de par en par. La “cultura palaciega del cuñado” es un obstáculo horrendo que nos impide ser un lugar de innovación y alguna modernidad en este mundo tan cambiante.

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4 comentarios

  1. Es una pena que muchos talentos queden en el anonimato sin ser conocidos y aprovechados… Pero creo que ya no es una cuestión de confiar o no confiar si no de esta velocidad vertiginosa que lleva nuestra sociedad de consumo…la cual alcanza a cualquier campo… este ritmo nos impide parar incluso para “conocer” … porque los descubrimientos necesitan su tiempo búsqueda… reflexión… madurar… y eso… hoy… no es rentable… no pueden parar…¡¡ Penoso y triste !!

    Saludos

    1. Según se refleja en el tema que he escrito, mi teoría es que hay demasiada gente que no está preparada culturalmente para que una persona a la que no conocemos venga un día y nos sorprenda. Es muy triste, pero es así. Nos educan para ser convencionales. Si recuerdas, Manuela, en España está mal visto participar en clase, esa es una razón por la que tenemos tan bajo nivel de idiomas, nos “da palo” hablar en esa lengua que estamos practicando y se critica a quien lo hace (la gente piensa que lo hace por protagonismo). Y, con el tiempo, quienes tienes responsabilidad y pueden incorporar innovaciones en la empresa o las instituciones, no sólo no lo hacen, sino que en muchos casos son tan mediocres que no permiten que otros lo hagan…

  2. Solo decirte amigo que los talentos se hacen a base de esfuerzo , y a veces donde no hay se hace, solo que les faltaba el agua el aliento. Por eso muchas veces no crece la cosecha.
    Estamos por la vida para seguir descubriendo en ella y entre muchos todo nacerá.
    Gracias Juan Navidad por tu escrito esto es buen alimento buena reflexión . Un abrazo

    1. Hola Elisa, muchas gracias también por participar. Da mucha rabia que, si pudiéramos crear, de la nada, el mejor restaurante del mundo, con la mejor decoración, el mejor equipo, un menú excepcional, los mejores postres… no serviría de nada si el público no sabe valorar todo ese esfuerzo. Por esa razón yo creo en educar en la motivación creativa y la dinamización, para que en el futuro el talento se aprecie en todas partes y que para poder desarrollar un proyecto no haya que conocer a nadie en la empresa o entidad a la que presentamos la idea… Abrazos, Elisa 😉

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