Alternativas asequibles e imaginativas a Silicon Valley

Atrás quedaron las vacas gordas, los tiempos en que cada ciudad pretendía crear un Loquesea Valley y las instituciones, una vez convencidas, se gastaban lo que no está escrito en grandes edificios de diseño en todas partes y podían así decir que aquello “esta es una apuesta decidida por la investigación”.

Aunque se están yendo de España muchas personas muy preparadas, gente con ideas buenas aún quedan, ese no es -aún- el problema, sino encontrar a un político, técnico o empresario con iniciativa que tenga el maravilloso y desconocido don de la empatía…

Cualquiera que se haya visto información sobre el verdadero Silicon Valley, en que está en San Francisco, verá que el origen de todo aquello fue industrial, la concentración de empresas con el fin de aprovechar dinámicas, recursos y herramientas.

Ahora, muchos años después, el mayor recurso que existe es el capital humano y no es preciso que todos los proyectos se reúnan en un espacio físico ni tienen que estar en una gran ciudad, en terrenos carísimos que precisan una gran inversión. Lo necesario realmente es que, quienes quieran crear, se conozcan y comiencen a funcionar. Para comenzar una empresa de contenidos en internet no es preciso muchas veces ni siquiera un gran capital, sino el equipo de personas necesario.

Por todo ello, la verdad es que si las instituciones públicas no pensasen tanto en favorecer amigos con ideas peregrinas para crear proyectos absurdos en que encuentren acomodo los traseros de personas que sólo quieren un sueldo a cambio de casi nada, se podrían hacer muchas cosas.

Lo principal es crear red. Ser nodo, punto de encuentro y conexión. Pongamos que se quiere hacer algo así en Extremadura. No hace falta una gran inversión, sino hacer uso de lunes a jueves de alguna casa rural o establecimiento similar que se prepare con una buena conexión a internet y buscar gente con ideas de toda España, no sólo de la Región para que se reúnan allí y traten de formar algo. Ser tierra de acomodo para dar frutos está muy bien, pero muchas veces es preciso antes ser buena tierra de semillero de plantones.

¿Y cómo creamos algo así? Lo primero, se deben valorar los proyectos de manera anónima, vengan de donde vengan. No es mejor un proyecto de alguien de Extremadura que el de alguien que vive en Huelva o en Navalcarnero. El funcionamiento podría ser este: por ejemplo, un músico con una buena idea de portal que busque informáticos y que esos encuentros sirvan para reunirlos y que puedan trabajar juntos. Es importante que no tengan que pagar por esos días, bastante esfuerzo hacen por ir a ese lugar. Estoy hasta el gorro de tantos lugares de encuentro que, para poder hablar con quien tienes al lado, tengas que pagar como si estuvieras haciendo un máster de dos años. y para terminar, sería bueno que quien valorase los proyectos fuera gente que sepa de qué va esto de internet, los proyectos de contenidos -o lo que se pretenda potenciar-, que no siempre serán sesudos profesores/as de Universidad ni el enchufao ese de la mesa que cree que el software es un tipo de esponja muy suave que sirve de exfoliante…

¿Alguna pregunta? ¿Hay alguien ahí? navidad@juannavidad.com

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