Los escribas y la llegada de la imprenta

Nos encontramos en un momento muy interesante en el mundo editorial en todo el mundo. Lo he escrito en otras ocasiones. Estoy muy metido dentro porque soy escritor, conozco muy bien a otros autores/as, editoriales, etc.

Ahora que llega el libro electrónico, veo mucho interés por la nueva fase que se abre entre los autores y autoras noveles. Pero no es esa la sensación que tienen las editoriales serias y los autores/as consolidados, que creen que su trabajo va a tener muchos problemas, como lo ha sido para músicos y la industria del cine. Eso es lo que creen, que su labor de autores/as está en peligro. En realidad, quienes pueden tener razones para tener miedo son las editoriales que deseen abusar con los libros electrónicos, inflando los precios. No es de recibo que un libro en papel pueda valer 30 euros y uno electrónico 12, 15 o 18, cuando es una obra de muy escaso coste de producción y de distribución.

Si se cumple el guión que tuvimos con la industria de la música, con la llegada del CD de audio, lo que hicieron las discográficas es inflar los precios y, con la llegada del top manta, de internet y del canon digital, la gente acabó hasta el gorro y se ha acabado descargando los contenidos que han dejado de estar al alcance del público.

Al cine le ha pasado igual. No se ha sabido adaptar a los nuevos tiempos. En vez de convertir las salas de cine en centros culturales con una verdadera y bulliciosa actividad, las salas quieren seguir viviendo de los diez o veinte que entren a las inmensa oscuridad a ver la sábana blanca con precios muchas veces prohibitivos de cada proyección. Lo de “renovarse o morir” se ve que no lo han considerado hasta que la gente que no se fue cuando llegó el vídeo, ni tampoco lo hizo con el dvd, pero, sin embargo, no está dispuesta a algo caduco desde la llegada de internet.

Volviendo al mundo del libro, ahora los autores/as podemos crear muchas más obras cada año, por supuesto, moverlas por los circuitos editoriales convencionales y, al mismo tiempo, autoeditarnos en papel y digitalmente aquellas obras que no tengan interés para esas editoriales, pero sí para nosotros/a y nuestro público.

En este contexto, es preciso que surjan plataformas de distribución de libros electrónicos, ebooks, a buen precio, para todo el mundo. Tenemos que aprovechar el desconcierto del mundo editorial para posicionarnos, vender globalmente a un precio justo esa literatura que muchas veces el mundo editorial no puede absorver, porque tienen pésimos estrategas y aún tienen una estructura antigua de escribas que tiemblan, aterrados, ante el nacimiento de esta nueva, revolucionaria, imprenta global.

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