El exilio de los independientes

En este mundo donde quienes mandan son los bancos, las grandes corporaciones y los grupos de presión, lo que hacen falta son personas sin criterio, borregos, esas personas que venden su voto fácilmente, su alma dócilmente y sus manos al mejor postor. No importa el precio si así pueden tener el estómago lleno, aunque les falle algún día el hígado o el páncreas.

En esta vida de lo inmediato y la falta de ética he tenido varios exilios precisamente por no ser asimilable por ese sistema de amiguismos y de compadreos. El primero de ellos tuvo lugar hace una docena de años, cuando dejé el País Vasco, tras diez años en Vitoria en los que desarrollé una intensa actividad cretiva, cultural y literaria y pasé casi todas las calamidades del mundo para subsistir. En aquellos años veía atónito a personas dedicadas al sector cultural que no tenían nada que aportar, pero que habían logrado el puesto gracias a su afinidad idelógica o familiar.

Nunca he sido amigo de este tipo de actitudes, de corrupción cotidiana. Desde niño he visto a la gente ir a buscar el trabajo al Batzoki o a la Casa del Pueblo, hacerse un carnet de cualquiera de los partidos a cambio de un puñado de peonadas y un sueldo equivalente. El resultado solía ser gente trabajando con poco entusiasmo e incluso nada porque nadie los iba a despedir, es decir, dinero público tirado a la basura para alargar en el poder a los de siempre.

Hay muchas personas que han dejado sus pueblos o provincias con rumbo a las capitales o a las grandes ciudades por ese caciquismo tan brutal que existe en España, que castiga a muchas personas, muchas de ellas con gran talento, porque son independientes, es decir, el poder no comulga con ellos. Y prefieren empobrecer aún más  su localidad, dejar sin jóvenes y sin creatividad un lugar antes que abandonar su poltrona. Esa es la más terrible corrupción, la conversión de la democracia en un juego de pelotas y basura, donde no tienes un sitio en ningún lugar porque ni las empresas ni las instituciones valoran el talento ni la productividad.

Ahora que estamos en crisis y la gente se pregunta cómo salir, se tendrían que plantear soluciones. Y mientras más poder se da a comunidades autónomas y a municipios más se ahonda en esa brecha, el talento se va fuera y queda un país de borregos, de dóciles, sin apenas mentes independientes que puedan corregir o revertir esta situación.

Miles de jóvenes y de personas cualificadas se están yendo y se seguirán marchando de España a otros países. Yo he emprendido este año un proceso de reflexión que me ha llevado a vivir entre Béjar y Nueva York que seguramente siga o se acentúe en 2011. En el mundo debería haber islas, archipiélagos al margen de esta forma de ver la vida, donde tengamos futuro los incómodos, y se nos permita aportar nuestro granito de arena, nuestros sueños e ideas para que el mundo sea mejor para todos sus habitantes.

Contacto: navidad@juannavidad.com

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2 comentarios

  1. Juan, lo has dicho tan bien que poco más se puede añadir. Tiene que haber sitio, seguro que lo hayl
    ¡Un beso! Y todo el ánimo del mundo para la tarea, que no es nada fácil.

  2. Muchas gracias por tus palabras, Marhya. Espero que 2011 traiga, entre otras muchas cosas, sentido común para todo el mundo. Que paséis unas muy felices fiestas… JN

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