Estamos en un punto de inflexión de la Historia

Es un tema de conversación que tengo muy frecuentemente estas últimas semanas. Se está descomponiendo no sólo un sistema, sino todo un metasistema de valores y formas de vida. Hay muchas cosas que son cotidianas hoy, y lo han sido siempre, que pueden estar a punto de cambiar en todo el mundo. Voy a poner varios ejemplos.

Hasta ahora, para vender, por ejemplo, alimentos o productos básicos para el hogar, había que estar cerca de donde vive la gente, a poder ser en lugares céntricos de las ciudades. Después llegó una moda que consiste en el ritual de ir con el vehículo propio a hacer compras a los grandes centros comerciales de las afueras. Pero a partir de ahora, gran parte de los productos se podrán comprar virtualmente y así las compras estarán en naves industriales situados a media distancia de las ciudades, que no tengan mucho precio, pero que tampoco estén lejos y se hará un reparto domiciliario que funcione bien. Las ventajas son muchas, para la empresa, menos personal, no hará falta cajeras/os o reponedores/as de estanterías, porque un único tipo de personal hará el proceso completo de gestión de pedido y embalaje y otro hará las entregas por zonas.  La gente podrá comprar a cualquier hora y las compras se las podrán llevar a cualquier sitio y a cualquier hora. Se podrá ahorrar en embalajes. Sólo habrá que afinar las cuestiones de calidad, para que no se envíe, por ejemplo, fruta demasiado verde o demasiado madura. Esto se puede evitar si hubiera un tipo de envíos de cadena de frío y otro que no precise bajas temperaturas para el reparto.

La repercusión que podría tener este cambio de ir nosotros a comprar a que vengan las compras a nosotros son muchísimas: pueden bajar los precios, porque se reducen costes, pueden ser necesarios menos locales en el centro y barrios de las ciudades, con lo cual el precio de los alquileres también podrá bajar. Se puede crear un sistema de lotes de precio ajustado para hacer más fáciles las compras a la gente y así se premie la compra de productos al por mayor. La fisonomía de las ciudades podrá cambiar radicalmente si además tienen lugar otros cambios que están por venir.

No necesitaremos vivir en las ciudades

Creo que en unos pocos años se puede dar un proceso contrario al que lleva produciéndose en toda la Historia desde Mesopotamia. Podríamos llegar a vivir con mucho confort, servicios y recursos prescindiendo de las ciudades. Éstas se quedarían en una especie de centros de ocio temáticos donde disfrutar ocasionalmente aquellas cosas que hoy hacemos de forma habitual, por ejemplo, vivir un gran acontecimiento cultural o deportivo. Si nos hubieran dicho hace treinta años que el negocio del fútbol o el baloncesto iba a sobrevivir con las gradas vacías gracias los derechos de televisión, habríamos dicho que era imposible. A las ciudades le podrá pasar lo mismo, ya que podremos elegir nuestro lugar de residencia, nuestro trabajo, crear nuestro propio plan de vida y desplazarnos por el mundo para ser testigos y viajeros de lo que necesitemos vivir en cada momento.

La parte triste de toda esto es la gran cantidad de gente que no sabrá adaptarse, se creará una gran masa de gente con pocas habilidades de información, comunicación o con carencias educativas y culturales que sufrirán. Por ello es crucial que los políticos, entidades que tengan poder de decisión, instituciones, medios de comunicación, etc. comiencen a informar y formar en igualdad de condiciones sobre todo esto que ya se está desarrollando mientras nos entretienen diciéndonos que sólo estamos pasando una crisis más.

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2 comentarios

  1. Este tema lo comentamos muchas veces en casa, en provincias pequeñas con población muy dispersa es increíble que no se hayan animado ya grandes superficies primero a repartir a domicilio sus productos a toda la provincia, y también es increíble que las empresas de logística no se aprovechen de esos puntos que son nudos de comunicaciones (ferroviarios y por carretera) y están en “mitad de la nada”, aparentemente. ¿Será que no caen en ello porque no lo viven? Porque no parece algo tan dificil de pensar.
    Un abrazo.

  2. Cierto, Marhya, y, al mismo tiempo, yo pensé hace casi veinte años en un sistema similar de reparto de los productos del campo directamente de productores a consumidores y, de hecho, lo llegué a poner en práctica en el caserío que mis padres tenían en Vizcaya, con mucho éxito.

    No entiendo cómo, desde entonces, no se ha sabido mover el campo para dar un servicio de calidad de reparto de productos a domicilio, con los márgenes tan bajos que tienen se podría beneficiar quien produce -ganaría más- y también quien consume, que pagaría menos. La lógica suele llegar tarde y muchas veces, mal…

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