Andalucía, aquella tierra prometida…

Han pasado treinta años. ¡Guau! Cómo pasa el tiempo…

Aún hoy recuerdo a menudo aquel viaje. Por ejemplo, cuando escucho a los árabes hablar de Al-Ándalus, como ese paraíso que alguna vez fue suyo. Yo me acuerdo de mis padres, cuando era niño y nos decían en casa que algún día íbamos a irnos a vivir a Andalucía. Mi madre hablaba de la casa de su abuela, donde crecían todas las plantas y árboles y todo era verdor y felicidad. Ellos habían abandonado aquel paraíso a mediados de los años 50, tras pasar muchas calamidades y lo habían cambiado por el País Vasco, donde han vivido el resto de sus vidas. Mi padre falleció el año 93 y hoy en día, mi madre vive en un pueblito de Navarra.

Pero el año 80 era el punto de inflexión, mi madre llevaba meses ahorrando, preparando todo para el gran viaje que nos llevaría a toda la familia a aquel lugar de leyenda. Íbamos los nueve hermanos, mis padres, un amigo de la familia, Pedro Luis, y también Isaías, novio de mi hermana mayor. En total, dos coches y una gran furgoneta, todos los vehículos con matrícula de Bilbao, en los años más sanguinarios de ETA, con los coches de la policía controlando en todo momento -por si acaso- nuestros movimientos.

En el Castillo de Castellar, hace un par de años

El recorrido nos costó más de un día, desde cerca de Bilbao a la provincia de Cádiz, más de 1000 kilómetros de vivencias. Después, una vez allí, conocimos a muchos familiares, nos  reencontramos con tíos y primos que hacía tiempo que no veíamos y pasamos mucho calor, disfrutamos mucho de la playa, la piscina, la amistad, las noches menos cálidas, esa tierra prometida que se diluía en esas dos semanas.

Al volver llorábamos con cualquier canción, se cerraba una etapa. Y no era sólo añoranza. En el País Vasco éramos “de fuera” y en Andalucía, descubrimos que para ellos éramos “vascos”. Creo que en realidad lloramos porque descubrimos que no teníamos raíces, que éramos personas sin tierra a la que volver, o desde mi punto de vista actual, personas con la riqueza de poder elegir a qué lugar o lugares regalarles nuestros vínculos, ilusiones y nuestras sensaciones. Por suerte, para descubrir esto último no necesité treinta años para descubrirlo 😉 …

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: