Recibo y respondo cartas de los chicos y chicas de Boston

He llegado a casa de Teruel como a las 6, total, que me he puesto a hacer cosas y me he acostado casi una hora después. Poco después de mediodía, ya estaba haciendo trámites varios por Béjar, entre ellos, recoger las cartas en Correos. Había una muy grande, llena de tarjetas de distintos tamaños de los estudiantes que asistieron a mi taller literario en el Lilla G. Frederick, un centro piloto de enseñanzas medias de Boston. La Semana de Escritores Hispanos fue todo un éxito, con talleres 15 centros escolare, para alrededor de 500 escolares.

las cartas del Lilla G Friederick Pilot Middle School de Boston

He comido algo y me he subido a la  Fuente del Lobo, porque hoy ha hecho un día cálido, de entre 25 y 30 grados y me apetecía salir por ahí a leer y escribirles. Y la verdad es que el lugar vale la pena, porque tiene un microclima que deja en ridículo a los potentes aires acondicionados que muchas personas tienen en casa y con una banda sonora y airecillo maravillosos.

He estado un par de horas, me han recordado muchas de las frases y las bromas que nos gastamos, como aquel ¡al ataque!, que tanta gracia les hacía o, cuando les animé a expresarse a decir lo que sienten y hubo varias declaraciones de amor esos días, una de ellas sólo minutos después de mi alegato por la sinceridad.

Me han agradecido que les haya ayudado a mejorar su relación con el mundo, con aquello tan importante que es respetarnos, porque, como decía una de las dinámicas “Todos somos importantes” o que les haya dejado decir algún que otro improperio, mientras fuera de modo respetuoso y sin molestar a nadie. Les gustó una dinámica sobre la fabricación de sueños, en que les pedí que se imaginasen en el año 2035. Ahora les toca lo más bonito de la historia, que es conseguir, con ilusión, cada uno de sus sueños.

Contestando cartas en la Fuente del Lobo en Béjar.

En fin, ha sido bello revivir todo aquello. Con paciencia he respondido a cada uno, a cada una, haciendo guiños sobre cosas que pasaron con sus textos, con esas personas en clase o con lo que me han escrito. Ha sido bonito. Me he sentido valorado, apreciado, incluso me decía alguien muy exagerado que yo era el mejor escritor del mundo. ¡Qué barbaridad! Le he respondido que ni lo soy ni lo pretendo, que mi objetivo es ser el más normal de los mortales, uno más de esos escritores/as que saben escuchar y disfrutan curioseando y sonriendo al mundo y sus personas.

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