Paquita Ruiz y las endrinas

Una de las cosas que quisiera hacer más a menudo es llenar la bodega de mi casa poco a poco con bebidas, pero no hablo de vinos y caldos comprados aquí y allá, sino de licores fabricados por mí con frutas y bayas cosechados en el campo para sorprender y agradar a mis amigos.

Como muchos de vosotros/as sabéis, mi madre se llama Paquita Ruiz y, dado que he pasado dos días con ella en su casa en Navarra, quería contaros una historia en la que es protagonista.

El año 84 yo era un jovenzuelo de 14 años a punto de empezar a estudiar en el instituto. El trato que hice con mis padres es que a cambio de que me dejaran estudiar desde ese año iba a trabajar en el monte en verano, festivos, vacaciones, sábados… con mi padre y mi hermano Ander, cortando pinos. Fueron tres meses de verano terribles, muy duros, de mucho trabajo, pero también aprendí muchas cosas. Un día al tirar un pino, cayó con él un arbusto que lo rodeaba que normalmente no suele ser alto, pero en este caso tendría más de 3 metros. Era un endrino, que se caracteriza porque tiene unas bayas -llamadas endrinas- que, cuando maduran se utilizan para hacer un licor llamado pacharán. Como pudimos recolectar muchas endrinas, ese año comenzamos a fabricar pacharán en casa y, como es muy mañosa para casi todo, fue mi madre quien se puso a hacerlo.

Mi madre, Paquita Ruiz, recolectando endrinas

Pero el resultado no sería bueno. Es cierto que se podía beber, pero no era similar al rico licor. Así que preguntando, fuimos conociendo más y más cosas y mi madre aplicando distintos trucos para mejorar ese delicioso licor llamado pacharán que, para mis amigos/as del continente americano, os cuento que es más típico y más consumido en el norte de España que en el sur, donde es menos valorado. Desde ese año mi madre ha hecho esta bebida casi cada año y por fin el sabor que tiene es muy interesante. Esta mañana hemos recogido una buena cantidad, para hacer varias botellas. A continuación os pongo la receta:

Las endrinas esperando ser recolectadas

Para hacer pacharán, necesitaremos: botellas de cristal, a poder ser transparentes, corchos, media docena de granos de café por cada botella, un puñado grande de endrinas por cada botella, un palo de canela, orujo blanco, que no sea de hierbas.

Introducimos en la botella el puñado de endrinas, ya maduras, que hemos lavado previamente, sin hojas ni tallos. Añadimos el palo de canela, como de 3 o 4 cm, los granos de café y rellenamos con el orujo y encorchamos -para ello hervimos el corcho y lo ponemos a presión-. Se deja reposar de manera horizontal las botellas, en un sitio fresco, seco y tapadas -a oscuras- por un simple cartón. Se va dando la vuelta a las botellas una vez por semana girándolas 90 grados y entre dos y tres meses después podremos consumir el pacharán.

 Otras opciones:

Yo suelo hacer una variedad suave y otra fuerte de pacharán. Para hacer la variedad suave, añado anís en vez de orujo y la opción fuerte la hago con tres partes de ginebra y una de anís y también le pongo una cucharadita pequeña de azúcar morena de caña y agito la botella al encorchar. El resto del proceso es igual. Recomiendo que pongáis etiqueta a cada botella para conocer si es suave o fuerte y para conocer el año de fabricación. A partir de febrero podremos probar el pacharán cosecha del 2009. Si algún viento os acerca a Villa Paquita, mi casa, no olvidéis pedirme a probar este gran invento para alegrar los paladares que se obtiene de un arbusto y se mejora con el cariño y la perseverancia de una madre 😛

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2 comentarios

  1. José Oquendo · · Responder

    Las endrinas de aquel verano adolescente y el pacharán añejo del próximo invierno tienen mucho que agradecerle a Paquita. Creo que quiere continuar una tradición muy propia de Navarra. Los imagino a ambos en febrero, si es que lo pasas en España. Tu, probando el pacharán fuerte. Ella, el liviano. (¿O viceversa?) Tu, agradeciéndole su tenacidad para enseñarte. Ella, admirando tu esmero en aprender.

    Ayer mi madre me dio por teléfono la receta de una invención puertorriqueña: “pique” o vinagre de cáscara de piña y ajíes picantes. Estará listo en unas tres o cuatro semanas, dependiendo del sol otoñal que el frasco que lo fermenta reciba en mi ventana. La llamaré para decirle lo rico que ha quedado.

    Una abrazo a los dos,

    José Oquendo,
    Freeport, NY, EE.UU.

  2. Muy estimado José,

    499 kms separan la casa de mi madre de la mía. Ella hace un par de años que no hace pacharán, pero esta vez me ayudó a cosechar las endrinas y me las traje a mi casa -que por cierto se llama Villa Paquita :)-. Estos días haré unas botellas y la semana que viene, dado que vuelvo a Navarra y espero recoger más endrinas, puede que haga más. Lo de las variedades dulce y fuerte es un invento mío porque muchos de mis amigos no son muy amigos de esta bebida y así pueden decantarse por la versión fuerte, que es la que les suele gustar más 🙂 Yo creo que a mi madre de las dos, le gustaría más la variedad sueva-dulce…

    Me has dejado intrigado con la bebida puertorriqueña que llamáis pique. Supongo que, con ajíes picantes, será un bebida muy fuerte, ¿me equivoco?
    Un abrazo,
    Juan Navidad

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