Notas y apuntes sobre la crisis inmobiliaria

Estoy muy preocupado. Llevo tiempo leyendo, viendo, escuchando noticias, escenas, sobre la ya conocida como Crisis Inmobiliaria y, la verdad es que estoy comenzando a ver cómo transforman la realidad y de nuevo nos cruzan la cara con patrañas. Veo reportajes sobre su origen en Estados Unidos, hay familias, miles, normalmente hispanas, afroamericanas, pobres siempre, que son desalojadas. No podré olvidar esa niña mirando por última vez su habitación colorida, su espacio de juegos, escenario de tantos sueños. Se lleva sus muñecas a la otra casa, donde dormiráa con una prima en la misma habitación y compartirán todo sus padres y sus tíos. Yo soy uno más de esos pobretones. Me compré la casona en que vivo, Villa Paquita, en verano de 2007. Y sé que tengo al director de mi banco muy preocupado. Lo noto. Y es posible que tenga toda la razón, ya que tengo todo el perfil: joven, sin pareja -por tanto, un único sueldo-, trabajo inseguro, nada fijo y cambiante y, para más inri, artista y poeta.

Y la verdad me estremece que en esta situación tan lamentable haya habido tan pocos suicidios esta vez. Muchos tipos se han cargado la vida de miles de familias y ahora ganan más dinero, toda una recompensa atroz. En la nueva era en que vivimos, el derecho de pernada consiste ahora en que nos joden legalmente, como antaño, pero, además, curiosamente, somos nosotros quienes tenemos la culpa, como la sentencia aquella en que la joven violada era responsable del delito por llevar minifalda. Nosotros hinchamos los precios por aumentar la demanda. Fuimos quienes de alguna manera inspiramos las subprime, ese dulce tan fácil de envasar y encasquetar a tantos inversores ávidos de nuevos beneficios. Pobrecitos. Pero más pobres los pobres, esos pobretones, como yo, que sufrimos dos veces: para llegar a fin de mes y para poder acabar el año dignamente, para quienes cada día es un regalo, por estar vivos y leer el correo postal es prepararse siempre para lo peor.

Pero me niego, no quiero aceptar que dentro de 30 años, o de 3, seamos en la Historia que se escribe con mayúsculas, quienes tengamos que aparecer como culpables de esta crisis. Porque somos seres vivos, sí, pero no animales, queremos un hogar, lo necesitamos y si es un producto de lujo, accesible sólo a unos pocos es porque algo falla en este sistema, que vivimos en una época y lugares donde ni la vivienda es un derecho ni un trabajo, pero luchamos cada día por tirar pa’lante, sin mirar a los lados, como los zopencos. Por eso, no me toquéis más ls narices, que cambien ya de verdad las leyes, se acentúen los controles y que vivir dignamente no sea sólo cosa de unos pocos…

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