Subo a Hoya Moros, cinco años después

Llegué a Béjar (Salamanca) a vivir en 2003 y ya ese verano tuve ocasión de hacer una subida con una de las lunas llenas del verano a la sierra. Esa primera vez fue a las Lagunas del Trampal.

Subiendo con motivo de la Luna Llena 2004

En 2004 el destino fue otro rincón de la sierra, Hoya Moros, un lugar que me dejó cautivado por completo con esas rocas de granito inmensas llamadas canchales y ese arroyuelo de aguas frescas.

Este año tenía la obligación de volver a subir, pero como no ha podido ser en noche de luna llena, finalmente vuelvo un día de esta semana. ¿Y por qué Hoya Moros? Primero, porque me apetecía volver y ya han pasado a lo tonto cinco años. La segunda razón es que he escrito el esbozo de una novela juvenil y uno de los capítulos tiene lugar en Hoya Moros. Además de terminar y mejorar alguna descripción, necesito tomar unas medidas porque en la historia hay un tesoro oculto y quisiera que la narración fuera precisa y creíble.

Hoya Moros, junto al arroyo

A la vuelta, os pondré unas fotos de este viaje y os contaré la experiencia. Una de las cosas que más me gusta de escribir narrativa es hacerlo teniendo como referente un lugar en el que haya que “documentarse” y disfruto mucho más si para llegar a ese lugar hay que ascender, como en este caso, a una sierra impactante…

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