Localismo e innovación

Hace tiempo que tenía ganas de escribir este texto, porque creo que existe mucha confusión sobre lo que es la innovación y a menudo las instituciones locales toman decisiones que van contra ese espíritu.

Para empezar, para desarrollar propuestas innivadoras, hay que contar con personas que tengan ese espíritu de riesgo, curiosidad, creatividad, etc. que no tienen todas las personas. Si a alguien se le ocurre crear una clínica para operaciones de cirugía estética normalmente no diría: “voy a contratar a mi prima, que es joyera para que haga de anestesista, a mi tío X que es fontantero, para que sea el cirujano, yo, que soy filósofo, voy a ser médico, etc.”. Normalmente configuraríamos la plantilla de esa clínica con personas cualificadas, capaces y líderes en su campo. Y no se nos ocurriría que una persona no cualificada ocupase un puesto de riesgo, relevancia o responsabilidad.

Al margen de las titulaciones más apropiadas en cada caso, que en innovación es algo difícil de decidir o delimitar, lo que es cierto es que, quienes optan a un puesto en cualquier actividad de este tipo, tendría que tener una actitud innovadora, es decir, justo lo contrario de muchas personas que nos rodean y ejercen esos puestos, que pueden no tener el perfil de dinamismo y creatividad que necesitamos. Lamentablemente, en cada ciudad, cada pueblo o comarca, en muchas de las agencias de desarrollo y entidades menores similares, existe un poder político que condiciona quiénes deben formar parte de los proyectos de desarrollo. Así se han desperdiciado en España miles de millones de euros las últimas décadas en contratar a personas que no han aportado nada positivo a sus ámbitos de actuación.

Otra de las variables que no se acaba de comprender, por parte de las entidades locales es que el mayor enemigo de la innovación suele ser precisamente el localismo. En un proyecto que tiene lugar en un pueblo es tan malo traer personas de las capitales de provincia que no estén interesadas en instalarse en la comarca que contratar personas no cualificadas por afinidades ideológicas, amistad o parentesco. Para que un buen proyecto local triunfe, sería ideal con un sitio web que difundiera esa iniciativa y que personas interesadas, formadas, motivadas e innovadoras se hicieran cargo de él. En muchos casos, es mejor, si no se trata de personas conocidas por quienes los/as contratan.

Todo esto está muy bien, pero lo más interesante sería que, cada proceso de selección comenzase por ser transparente informativa y operativamente, que ya sería un paso importante. En la mayoría de los sitios de internet de Agencias de desarrollo locales o ayuntamientos no existe nunca ni una sección de empleo o, si la hay, nunca se anuncian las ofertas de empleo. Ejemplos de este tipo de falta de transparencia informativa serían la Fundación Salamanca Ciudad de la Cultura, que no publica en su sitio web -no accesible, por cierto- sus ofertas de empleo.

Pero tan malo como no anunciar, ocultar o disminuir la repercusión de un proceso de selección es que el mismo no sea lo bastante justo o claro a la hora de valorar a las persona candidatas. Y como ejemplo hablaré de la Fundación Premysa que desarrolla su labor entre las provincias de Salamanca y Cáceres, que, cuando contrata formadores/as para sus talleres de empleo, puntúa 5 veces más el valor de quienes reciben un curso que quienes han sido sus docentes o formadores/as. Y además, cometen la barbaridad de dejar en el peso total del proceso de selección que la entrevista suponga más del 60% de los puntos y que al final contraten casi siempre a personas allegadas o descarten al menos a quienes no piensan igual que ellos. Será algo legal, no lo discuto, pero es una aberración ética, además de un contrasentido que profundiza en la despoblación de esas comarcas y el malestar de muchas personas que quedan fuera.

Para terminar, la innovación y el desarrollo local necesitan una mentalidad abierta, un carácter también abierto y la madurez y el sentido común suficiente para dejar en el desempleo a quienes no van a realizar su trabajo con la calidad y productividad suficiente y que las personas que tienen, que tenemos una actitud y visión creativa e innovadora y no nos dedicamos a hacer la pelota a nadie, podamos ocupar el lugar que nos corresponde por el bien del proyecto o comarca de actuación. Lo contrario es la miseria, la tristeza y la injusticia que nos gobierna en casi todas partes.

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