Reflexionando sobre la innovación

Navegué en internet por primera vez en 1994. Fue en la Universidad donde estudié en la Facultad de Filología en Vitoria-Gasteiz. Había una delgadísima especie de guía de teléfonos en la que aparecían, país por país, todas las páginas de internet. Hoy si quisiéramos meter en formato papel una lista con los más de 100.000 millones de sitios que se supone que hay necesitaríamos llenar un edificio entero y dedicar un bosque entero para hacer el papel. Mi segundo contacto con la red fue en 1998 cuando comencé a trabajar en un pueblico de Alicante en una empresa de traducción. La jefa que tenía Isabel Soler, me dio un curso con unas maravillosas indicaciones en las que descubrí cómo diseñar páginas de internet. Pronto había creado La mirada de la ardilla, un embrión de página web y al año siguiente tuve la suerte de trabajar en Cervantesvirtual.com , la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, el mayor proyecto entonces de digitalización de contenidos en lenguas hispanas. Tuve la suerte de tener al jefe ideal, ya que mi director era Francisco Benavent. Una persona inteligente, que sabía valorar mis ideas y que nunca me dijo que no en rotundo, como suelen decir los jefes menos capacitados. Bajo la atenta mirada del entonces rector Andrés Pedreño, se creó el Área de Marketing y Promoción, donde desarrollamos muy buenas propuestas como la Tertulia Virtual, el Escaparate de obras, el Punto de Encuentro, el Bibliotecario y comencé a dedicarme a la formación. Tras dos años y medio siendo Subdirector de Área, decidí transladarme a la provincia de Salamanca y puse en marcha en Béjar mi empresa Dinamización de ideas. Me parece que tengo una ligera idea de lo que es innovar, pero veo día a día que las instituciones, las universidades, los ayuntamientos y las propias empresas tienen una visión bastante curiosa de lo que es innovar. Comienzo con los ayuntamientos, que piensan que cualquier amiguito puede innovar. Prefieren seguir incorporando a sus coleguillas en proyectos inservibles antes que dejar que empresas ajenas a sus áreas de influencia puedan crear desarrollo. Este modelo de enchufismo y clientelismo sirve también para muchas agencias de desarrollo local y rural. Estamos perdiendo oportunidades de desarrollo en pro del amiguismo y el subdesarrollo. Luego están las universidades. Necesitan tener el monopolio de todo porque están tan lejos de la actualidad que sólo así pueden tener posibilidades de crecimiento. Por eso se alían con las instituciones para, juntas, crear necesidades y que los profesionales de la innovación tengan que pasar por ellos. O precisamente, que quienes aportamos innovación y elegimos el riesgo y la apuesta lo tengamos muy difícil y que vivan muy bien personas que lo único arriesgado que han hecho en su vida es una oposición. Las propias empresas tienen una visión de la innovación muy singular. Incluso los proyectos que se desarrollan en internet dedican mucho presupuesto al diseño, a la programación del sitio y casi nada a los contenidos y a la accesibilidad y la usabilidad o a conceptos como el posicionamiento o la generación de comunidad. En Estados Unidos los buenos proyectos empreariales y de contenidos tienen financiación de empresarios que saben arriesgar y apostar porque tienen la cultura empresarial madura que no tenemos en Europa. A este lado del Atlántico, Europa se pierde en ideas absurdas sobre cómo generar riqueza y hay demasiado dinero que se pierde en las alcantarillas de la mediocridad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: